Inventario
Si hiciéramos una lista de todas las estupideces que decimos, no podríamos salir a la calle de tanta vergüenza. Por suerte, el único que podría tomarse la tarea de inventariar cada una de las sandeces que uno ha dicho, es uno mismo.
Inventario II
Gente entra y sale de la fiesta. Recostada dentro del carro finjo dormir, pero sigo alerta. Repaso conversaciones, esa reunión, esa última llamada del periodista. Pero a ratos me interrumpo a mi misma: imagino cierta cabaña, cierta entrevista y el final de mi libro. Hasta pienso en el amor, en que no está hecho para mí. Recuerdo que odio el protagonismo pero soy vanidosa y que aún tengo un discurso esperándome en casa. Sí, esta es una noche cualquiera.
Si hiciéramos una lista de todas las estupideces que decimos, no podríamos salir a la calle de tanta vergüenza. Por suerte, el único que podría tomarse la tarea de inventariar cada una de las sandeces que uno ha dicho, es uno mismo.
Inventario II
Gente entra y sale de la fiesta. Recostada dentro del carro finjo dormir, pero sigo alerta. Repaso conversaciones, esa reunión, esa última llamada del periodista. Pero a ratos me interrumpo a mi misma: imagino cierta cabaña, cierta entrevista y el final de mi libro. Hasta pienso en el amor, en que no está hecho para mí. Recuerdo que odio el protagonismo pero soy vanidosa y que aún tengo un discurso esperándome en casa. Sí, esta es una noche cualquiera.
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