1/27/2016

Salud pública

Fui al seguro. Hay gran demanda de mamografías. Ya se llenaron los cupos hasta finales de febrero. La última mamografía me tocó justo a mí. Todavía no me había retirado de la ventanilla cuando la funcionaria gritó en mi oído: ¡¡Pacientes de mamografía: ya no hay más cupos hasta marzo!! Regresen en marzo o vayan a otra policlínica". Ví a las mujeres dispersarse cabizbajas y lamenté no haberle cedido mi cupo a alguna mujer mayor que yo, pero mi instinto de autopreservación fue más fuerte que mi sororidad. Entonces les propuse que fuéramos a protestar a la dirección médica, pero ninguna se animó, y eso que sólo había que subir una escalera y gritar un poco. Imagínese que les hubiera dicho que lo que habría que hacer es tomarnos el poder. Son mujeres mayores, seguro han sido explotadas por la familia, la propiedad privada y el Estado; están cansadas de cuerpo y alma. Lo comprendí. Todavía no se ha incubado el suficiente estado de disposición social como para dejar de elegir entre uno y otro oligarca o entre una mafia y otra. No ha llegado la hora de la gente, pero llegará "por la razón o por la fuerza".

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