El roce equivocado

Ahora que estoy haciendo un balance de mi vida, me pregunto cómo fue que pasó esto, cómo es que ya no tengo amigos mecánicos, ni jardineros, ni electricistas, ni plomeros. O cambié de amigos o el sistema los obligó a cambiar de profesión o se volvieron intelectuales. Ahora maldigo la hora en que me puse exquisita. Debí casarme con el llantero de la esquina.
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