Noche de saudade y yuca hervida

Estoy sentada en mi balcón viendo la luna. Ceno yuca hervida a solas en la oscuridad. De momento recordé que hace mucho tiempo, un señor en el pueblo de mi abuela se comió una cucharacha por estar cenando a oscuras. Pero no lo fue tanto por la oscuridad, en verdad él  estaba borracho. Por suerte ya tiene mujer porque nadie habría querido besar a un tipo que comió cucharachas, pensé en aquel entonces.  Luego recuerdo algo más reciente y me parece que más sublime. Recuerdo que vengo del teatro y que fue una bella noche. No sé porque mientras me vestía elegí un vestido rojo sin mangas y tuve el presentimiento de que sufriría la ausencia de un abrazo rodeando mis hombros. Casi nunca he estado en un teatro con un abrazo rodeando mis hombros. Pero que yo no esté disponible no significa que no anhele ese abrazo. La sensación de frío se disipó pronto con la temperatura del público. Me concentré en la obra. Ya la conocía desde y aun así volvió a conmoverme. Terminé con una extraña sensación de estar llena de amor y de agradecimiento. Por una gran obra, sin duda, y por el abrazo ausente que llegué a sentir. Tal vez era un poco de esa magnífica definición de la palabra saudade: "la eterna presencia del ausente".

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