1/15/2014

Cada diciembre

Esencia y ritual
"Me gusta la navidad" "No me gusta la navidad". Ambas afirmaciones pueden coexistir en un mismo sujeto. A uno puede gustarle un ritual pero no su esencia y fundamento. O gustarle la esencia y fundamento pero rechazar el ritual. En otras palabras, yo soy agnóstica y no celebro la navidad, pero si de Ismael Rivera y tamales se trata, eso ya es otra cosa. El sincretismo, al fin y al cabo, también es una forma de supervivencia. Dudo que encuentres una anticlerical que cuide con más afecto su colección de tarjetas de felicitaciones navideñas; porque yo no creo en dios, pero creo en los que me quieren y me han querido.

Presupuesto 
La madrugada del 25 de diciembre cuando ya se habían aquietado los cohetes, puse una silla en mi balcón a oscuras y me senté a la turca a respirar y a contemplar en el horizonte, los pocos árboles y los edificios. En el glamoroso balcón contiguo, mi vecino todavía encorbatado se asoma con una copa de champán y al verme sola en mi oscuridad me mira con compasión. Nunca me ha hablado pero le ví asomar una media sonrisa de lástima hacia mí. Habrá pensado: "Pobre mujer, no tiene nada para navidad". Su presencia era tan fuerte que no pude seguir con mi yoga y le ofrecí una media sonrisa de lástima hacia él mientras pensaba: "Pobre tipo, toda la fortuna que se ha gastado este mes y Jesús de Nazareth ni siquiera nació en diciembre".

La puerta

Recuerdo cuando en mi infancia una vecina o el cartero tocaban a la puerta y te traían tarjetas y postales de navidad. La familia no se quién se acordó de la tuya y te mandaba su tarjeta con los mejores deseos de la familia tal. Si una familia que conocía a la tuya estaba repartiendo tarjetas y a tu casa no le entregaban era como estar malditos. Señal de prestigio pues, era poder clavar en tu puerta toda la colección de tarjetas; era la prueba de que eras apreciado o al menos reconocido. Son de esos rituales que ya no volverán porque con las tarjetas de internet esa espera y esa zozobra no existen... y la puerta jodida a punta de tachuelas tampoco.

Navidad y muerte

Con motivo de la Navidad, los niveles de producción, consumo, derroche y desperdicio son una burla al hambre, la pobreza y la injusticia que padece la mitad del mundo. Si se cuantificase la ruindad asociada a las celebraciones navideñas no me extrañaría que estos comportamientos alcanzaran las dimensiones de un genocidio.
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