7/25/2014

A simple vista

Estaría bien que me lo hubiera hecho mi abuela, pero que yo misma me haya comprado mis únicos zapatos, en una talla y media más grande, es el colmo de la tacañería. Me quedan flotando y me la paso torciendo los tobillos y arrastrando el paso para que no se me salgan tanto. Hoy que entré al banco lleno, el guardia me miró y se acercó a una cajera señalándome: "Por favor, atienda primero a esa joven que está mal de las piernas". Y no es la primera vez. El otro día estaba en una fila protestando junto a los demás clientes por lo demorado del servicio y un señor muy amable también me llevó al frente: "Oigan, por consideración atiendan siquiera a esta joven que está embarazada!". Ya no me pongo más ese traje.
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