2/15/2013

Al borde de la realidad

La Prima
En el campo una señora a la que le dicen "La Prima" nos dijo acongojada que el funcionario no la quiso incluir como beneficiaria del programa del subsidio para adultos mayores en pobreza, denominado "100 a los 70", y en cambio a su hermana Emilia sí la incluyeron. 
"Pero Prima, eso no es justo!" -le decimos. 
"Bueno, eso mismo le dije yo al alcalde, pero me dijo que no, y no, y no" -relata La Prima. 
En mitad del parque y bajo el inclemente sol del mediodía, nos quedamos un rato en silencio pensando un poco en qué hacer. Entonces La Prima remata: "Y dice que no insista porque no me los van a dar hasta que cumpla los 70!"

Anestesia

He decidido retornar al negocio de la familia. Mi abuelo y mi padre fueron anestesiólogos y, casualmente, he visto un local que me sirve perfectamente para tales propósitos y en dos turnos distintos: en la mañana pondré una iglesia, y por las noches una cantina. Ya lo decía Bakunin: "Para escapar de su miserable suerte, el pueblo tiene tres caminos. Los dos primeros son el bar y la iglesia; el tercero es la revolución social"

Método científico
Mientras camino por Paitilla, voy trazando ideas en el aire para una investigación sobre acoso sexual. Y verifico que este libro de Metodología de la Investigación que llevo conmigo es la herramienta más infalible, pues llegando al centro médico, un pervertido se lanza a tocarme. Sin pensarlo dos veces, le caigo a librazos y el sujeto huye espantado. No cabe duda que la práctica modifica la teoría y viceversa.


El ladrón imaginario
Cuando llegué a París, el taxi me dejó en una pensión de mala muerte. Me resultó hermosa, entiéndelo, esta tercermundista de poco más de un metro de estatura había llegado por fin a París. Me advirtieron que en esa pensión robaban en la noche, pero yo igual estaba tan contenta que en la noche estaba esperando a conocer al ladrón para preguntarle de qué ciudad venía, qué libros leía, en qué prisiones había estado, pero no llegó nada.

Afecto

Antes, su primer instinto en las mañanas era acariciar a su pareja o buscar una taza de perfumado café. Ahora, este sujeto despierta y enseguida salta sobre el android, y siente un gran alivio al  verificar que está bien, que sigue a su lado y seguramente alguien le escribió algo mientras dormía. No sólo llena así su vacío existencial, también es su ilusión de sentirse amado y su única posibilidad de ser famoso.