Mujeres de mi vida 2

Cecilia
Anoche, tarde me llamó mi prima de crianza y comadre para darme una noticia. Se me heló el alma, ya uno sabe que a esas horas no es nada bueno. Y ella, mujer, pobre, negra, semirural, de escolaridad básica, abandonada por el esposo a su suerte sin un centavo, con dos hijos y dos hijas y otra hija que ni siquiera era de ella, y su madre recién enviudada; las dos mujeres batiéndose contra el mundo estos dos años más duros de su vida, atravesó mi ser cuando su voz quebrada en llanto me dice: "Ay Comadre, a su ahijado más grande, me lo acaban de firmar en liga profesional Los Marlins de Miami! La otra semana se va del país y solo le falta la maleta"

Elba María
Un verano antes de entrar al colegio, mi madre le regaló un bolígrafo a mi hermano. Como yo estaba en el cuadro de honor y él no y además me gustaba mucho escribir, aquel gesto me hirió demasiado, porque encima, mi madre que era una mujer fervorosa, hizo de la entrega toda una ceremonia. Y tragué. Hace algunos años, recién nos conocimos, mi progenitor me regaló un bolígrafo. Nunca me habían regalado un bolígrafo! Y era rojo! Mi progenitor, que ignoraba aquella otra historia nunca se habrá imaginado como su regalo no sólo le perdonó décadas de ausencia, sino que me borró una vieja herida. El bolígrafo es un regalo de respeto; me tomó tiempo entender que, al fin y al cabo, mi madre no lo había obsequiado a su hijo favorito, sino al único hombre de su vida.

María Dolores

Aquella tarde de diciembre, Mi Comandanta y yo, nos recostamos en el jardín a mirar el cielo infinito de Yucatán. Le dije lo mucho que me gustaba un tipo al que yo jamás me atrevía a decirle nada. Se quedó callada un rato con su cigarrillo y al rato empieza a hablar como para sí misma. Me dijo que tenía muchas memorias y conclusiones histórico políticas sobre el conflicto armado, pero que a su edad, a veces sólo era capaz de mirar al pasado con rabia y decirse: "Hum, debí tirarme a aquel"
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